El planeta atraviesa un momento decisivo para la conservación de sus ecosistemas marinos y costeros. En Colombia, estos espacios cumplen un papel esencial como reguladores del clima, refugio de biodiversidad única y soporte de actividades productivas fundamentales para las comunidades locales y la economía nacional. Sin embargo, las presiones derivadas del cambio climático, la pérdida de hábitats, la contaminación, la pesca ilegal y la expansión no planificada de las actividades humanas exigen esfuerzos cada vez más articulados para garantizar su resiliencia a largo plazo.
Como nación bioceánica y reconocida entre los países megadiversos del mundo, Colombia alberga una riqueza excepcional en sus ambientes marinos y costeros. En el Caribe y el Pacífico se encuentran arrecifes coralinos, manglares, praderas de pastos marinos, estuarios, zonas de surgencia, montes submarinos y extensas áreas de conectividad transfronteriza que sostienen ciclos clave para especies de alto valor ecológico y comercial. Esta diversidad se manifiesta no solo en la abundancia de especies, sino también en la presencia de ecosistemas altamente especializados, endemismos y dinámicas oceánicas que convierten al territorio marítimo colombiano en un laboratorio natural de relevancia global.
